Cendra

Empecé a escribir de muy joven porque necesitaba hacerlo. Eran años de búsqueda, de silencio interior, de una vida que no terminaba de encajar. Relaciones que me mantenían atada, una identidad que se había ido perdiendo entre las costuras de lo que otros esperaban de mí. Y un día, casi sin darse cuenta, la pluma empezó a transmitir lo que no podía decir en voz alta.

Aquellas palabras se convirtieron en un blog. Letras que hablaban de pieles y silencios, de bestias dormidas y manos abiertas, de hambre y de errantes, de mentiras y verdades de una mujer que aprende a soltar lo que la destruye. Una escritura sin red, sin filtro, sin disculpas.

Toqué fondo y tomando impulso apareció el descubrimiento. Una mujer que no se conocía del todo y que tuvo que aprender a mirarse sin apartar los ojos.

De esas cenizas ahora ha nacido CENDRA.

No es un nombre artístico — es una declaración. La ceniza no es el final. Es lo que queda cuando el fuego ha hecho su trabajo. Es el origen de algo nuevo. CENDRA soy yo después del fuego — viva, lúcida, con todo lo aprendido en la piel y sin miedo a mostrarlo.

Ahora, cerca de los cincuenta y desde la madurez de quien ha vivido lo suficiente para saber de qué habla, decido ponerles música a aquellas palabras. No para revisitar el dolor — sino para darle una nueva vida. Para que lo que nació en soledad llegue a quienes lo necesitan. Para que quien esté en ese mismo silencio sepa que no está solo.

HERIDAS es el primer álbum. Diez canciones que no piden permiso. Que hablan de deseo y de poder, de confrontación y de liberación, del instinto más honesto del ser humano finalmente nombrado en voz alta.

CENDRA no es un personaje. Soy alguien que existió siempre, esperando a que el fuego terminara su trabajo.